1. La arquitectura es un lenguaje mediante el cual se puede expresar armonía, creatividad, felicidad, belleza, poesía, complejidad, magia, humor, provocación, cultura.
2. Se da por supuesta la utilización de materiales de máxima calidad, así como el conocimiento de la técnica para elaborarlos.
3. Todos los materiales tienen el mismo valor arquitectónico, independientemente de su precio.
...
Estos puntos no son el manifiesto de ningún gurú de la arquitectura, sino que pertenecen, (con algunas palabras cambiadas) a los tres primeros puntos de los 23 (¡!) que componen la "Síntesis de la cocina de el Bulli":
Síntesis de la cocina de elBulli
Otro:
21. La descontextualización, la ironía, el espectáculo, la performance, son completamente lícitos, siempre que no sean superficiales, sino que respondan o se conecten con una reflexión arquitectónica.
Este lo podía haber dicho perfectamente cualquier profesor alelao... o algún alumno con la cabeza repleta de pájaros.
Hay alguno más que también permite la traslación a lo arquitectónico, pero les dejo a ustedes que disfruten con el chorradismo de Adrià.
Por cierto, que ya me olvidaba: menuda putamierda de página web que tiene el Bulli ¡no hace más que abrir ventanas nuevas a cada paso!
Saludos.
miércoles 22 de abril de 2009
sábado 13 de septiembre de 2008
Macchine
Sé que desde pequeño me gustaban los coches, pero no sé por qué me gustaban entonces. Sin embargo sé por qué me gustan ahora.
Me atrae, de un coche, el hecho de que sea una máquina, que tenga un funcionamiento. Entender cómo funciona y manejarla. Es decir, el conducir me es placentero porque experimento el funcionamiento de la máquina y porque ésta hace lo que yo le digo que haga. Tener el control. O por lo menos ese es el objetivo.
Cuanto mejor maneje el coche más caso me hará, y por lo tanto más satisfacción obtendré.
A través del manejo del coche puedo obtener diferentes objetivos: transportar lo más plácidamente posible a los que me acompañan, llegar rápidamente de un lugar a otro, conducir con suavidad o con agresividad (pero con seguridad), ver qué ocurre en cada caso... con cada uso obtengo una recompensa diferente.
Evidentemente hay coches que son más placenteros de manejar que otros. Sin embargo, parte del interés está precisamente ahí, en experimentar el funcionamiento de cada tipo de coche y saber cómo usar cada uno como corresponda.
Finalmente, también me gusta mirar los coches, desde fuera. Y a eso es más difícil encontrarle el por qué.
Un saludo.
Me atrae, de un coche, el hecho de que sea una máquina, que tenga un funcionamiento. Entender cómo funciona y manejarla. Es decir, el conducir me es placentero porque experimento el funcionamiento de la máquina y porque ésta hace lo que yo le digo que haga. Tener el control. O por lo menos ese es el objetivo.
Cuanto mejor maneje el coche más caso me hará, y por lo tanto más satisfacción obtendré.
A través del manejo del coche puedo obtener diferentes objetivos: transportar lo más plácidamente posible a los que me acompañan, llegar rápidamente de un lugar a otro, conducir con suavidad o con agresividad (pero con seguridad), ver qué ocurre en cada caso... con cada uso obtengo una recompensa diferente.
Evidentemente hay coches que son más placenteros de manejar que otros. Sin embargo, parte del interés está precisamente ahí, en experimentar el funcionamiento de cada tipo de coche y saber cómo usar cada uno como corresponda.
Finalmente, también me gusta mirar los coches, desde fuera. Y a eso es más difícil encontrarle el por qué.
Un saludo.

miércoles 28 de mayo de 2008
Los cacharros solitarios
Desde fogonazos veo éste vídeo del despegue de la sonda del Apollo 17, la última ocasión en la que los humanos pisaron la Luna, a finales de 1972.
Hace pocos días llegaba la sonda Phoenix a Marte, la última de las misiones consistentes en enviar un cacharro a otros planetas para excavar agujeros y tomar muestras.
Me imagino que en el futuro, cuando alguien vuelva a la Luna o llegue por fin a Marte se encontrará con todos los cachivaches enviados hace años por la humanidad transformados en reliquias polvorientas en la Luna o probablemente en chatarra, en el caso de Marte, a causa de la severa climatología del planeta rojo.
A mí personalmente me gustaría ir a ver los paisajes de por allí, o simplemente a probar la gravedad lunar.
Y también me gustaría recordar unas frases que escribe Dave Gibbons al final de la última recopilación de "Watchmen" (A. Moore, D. Gibbons):
(...) Baste decir, que por muy orgullosos que estemos de
este trabajo de ficción, reconocemos humildemente que la verdad es infinitamente más maravillosa; aunque sea deprimente pensar que la firma de Richard Nixon está en la Luna, el hecho de que realmente haya una carita sonriente en Marte es extrañamente alentador.
Regalos:
El primero
Gúguelmún
La placa de 1969
Hace pocos días llegaba la sonda Phoenix a Marte, la última de las misiones consistentes en enviar un cacharro a otros planetas para excavar agujeros y tomar muestras.
Me imagino que en el futuro, cuando alguien vuelva a la Luna o llegue por fin a Marte se encontrará con todos los cachivaches enviados hace años por la humanidad transformados en reliquias polvorientas en la Luna o probablemente en chatarra, en el caso de Marte, a causa de la severa climatología del planeta rojo.
A mí personalmente me gustaría ir a ver los paisajes de por allí, o simplemente a probar la gravedad lunar.
Y también me gustaría recordar unas frases que escribe Dave Gibbons al final de la última recopilación de "Watchmen" (A. Moore, D. Gibbons):
(...) Baste decir, que por muy orgullosos que estemos de
este trabajo de ficción, reconocemos humildemente que la verdad es infinitamente más maravillosa; aunque sea deprimente pensar que la firma de Richard Nixon está en la Luna, el hecho de que realmente haya una carita sonriente en Marte es extrañamente alentador. Regalos:
El primero
Gúguelmún
La placa de 1969
martes 27 de mayo de 2008
Torre en La Défense
Hace tres años me encontraba de Erasmus en Turín, y una de las asignaturas que allí cursé -junto a mi inseparable Cristina- para convalidar por el correspondiente curso en Barcelona era un laboratorio de proyectos cuyo objetivo era diseñar un rascacielos en el parisino barrio de La Défense.La elección de aquel curso resultó ser un error bastante grande puesto que tanto Cristina como yo pronto nos aburrimos de las ideas chifladas -y monótonas- de Roberto Apostolo, el director del curso.
Una de las razones por las que acudíamos a clase contrariados era que se debía implantar el edificio (un rascacielos de más de 200 metros de altura) en un solar ridículo, y otra, que la de rascacielos no era precisamente la tipología más simpatica a nuestros ojos. El solar en cuestíon -que en la foto aparece resaltado en color- era un ¡nudo de autopistas!
En resumen, que trabajar a disgusto es una de las cosas más decepcionantes que te pueden ocurrir y ahí estábamos nosotros.
El curso pasaba y como había que entregar algo (lamentablemente, we´re only in it for aprobar) propusimos unas torres que buscaban a poyo en las isletas residuales que quedaban entre los nudos formados por las carreteras.
Intentábamos a duras penas organizar el edificio de la manera más razonable y sensata posible, entre las propuestas de nuestros colegas de clase que iban de lo correcto a lo fashion pasando por lo divertido (uno de los rascacielos crecía como un espárrago y tenía la forma de ello) y acabando en lo bochornoso (una torre con forma de bota).
Todo esto lo traigo a colación porque lo que nosotros creíamos que era una excusa barata para montar un curso de proyectos arquitectónicos ha resultado ser real porque en ese solar ¡se va a construir un rascacielos!
Sitio oficial
Noticia en El País

Lo más triste de todo esto es que las propuestas finalistas no difieren mucho de lo que se podía ver por clase... y no precisamente porque los alumnos de aquel taller fuésemos especialmente buenos, sino porque estos supuestos cabezas de cartel del panorama mundial no son capaces de hacerlo mejor que unos estudiantes de tercer curso de carrera.
De hecho, Sir Norman Foster parece estar más fascinado que un niño chico con las posibilidades que le brinda el dibujo por computadora. Y así de cegado tiene que estar para que le salgan cosas tan feas como ésta:
Ils sont fous ces romains! (y parece que los galos también...)
*Las fotos son de GoogleMaps y de Vyonyx.com
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